Si me dejaras conocerte...
Husmeando los cuadernos viejos de Lucía, encontré un escrito fundamental, un escrito de estrategias para una futura primera cita, ¿cómo no? podría ser:
24 de enero de 1963.
Si me dejaras conocerte... Lo primero que haría, es invitarte a tomar un café al local más tranquilo de Bahía Blanca, supongo que en "La Cibeles" de la calle Alsina sería el más acogedor y acorde a nuestro estilo. Lo segundo que haría, es evitar ese estúpido fuego interior cuando te vea venir... con tus pasos lentos, altivos y exactos, y haría aun un mayor esfuerzo cuando llegue el momento de apreciar a tal cercanía tus ojos de extraño color café, y ni pensar en rozar tus mejillas... hay que ser de piedra para no ruborizarme, y logres sacarme una sonrisa inmediata. Lo tercero que haría es poner en práctica mi lista de curiosidades, me encantaría saber de tus proyectos, saber qué haces en tu tiempo libre, qué es lo que te gusta, cuántas veces al día pensás en la escritura, qué escribís, qué es lo te incentiva a hacerlo, qué es lo que te mueve el alma para que tu puño de poeta frustrado se ponga en acción, cuáles son tus pasiones, y temores... por qué es la causa de que tu personalidad sea tan ermitaña, Y te recomendaría todos los libros que he leído en mi vida, hablaría de mis autores y poemas favoritos, te inyectaría paisajes de los viajes de mi vida, de esos paisajes del sur de Argentina y sobre todo pondría énfasis a la música, de alguna manera no tan abrupta haría que aprecies a mis cantantes favoritos, como principio a Carlos Gardel, seguido de: Alberto Catillo, Julio Sosa, Antonio Priero, Leo Dan... y si el tiempo y tu rostro me lo permite, haría un pequeño viaje hacía los EE. UU. y te hablaría de Percy Sledge, Neil Sedaka, Louis Armstrong, Frank Sinatra, Bill Haley, The Platters, el boom de Elvis Presley y The Beatles y otras tantas bandas y solistas más... y te daría piedra libre para que vos hagas lo mismo conmigo, a tu total libertad... y luego de esto, te preguntaría si tu personalidad frívola y desinteresada te hace creer en el amor, y otras tantas cosas de desatino y sentimentales que pueden servir de relleno en una noche de cigarrillos y café. Temas que quizás no son tan importantes para vos, pero que podrían ser el mejor puntapié de comienzo para mí, llevándola de camunina para llegar a conocerte un poco más, y atravesar (con el tiempo) más allá de tu imagen y cara de acero. Y después de todo esto, si todo ha marchado a su ritmo y llega la hora de irnos, procedería al plan estratégico, -y digo esto porque sé que todo lo que me importa lo hago de una forma estratégica y, lamentablemente, de una forma absurdamente planeado de antemano- si quiero que las cosas salgan bien, la despedida debe ser a lentitud de movimientos, no tiene que ser una despedida rápida y sinsentido porque ese saludo en una primera cita no sirve de mucho, hay que dejar las cosas en claro, porque en esos mínimos detalles se deja en el aire de que de esa noche habré sido una de tus mejores oyentes y consejera, y que voy a estar ahí cuando desees hablar con alguien. También he pensado la contracara de todo esto, si todo mi plan tedioso falla, sé que al tiempo estaría necesitando alguna pócima para evitar mirar tu belleza exótica, alguna pócima para olvidar, una cálida noche de verano.

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