De ahora en más, las despedidas se harán a mi modo.

Recuerdo, que hace un tiempo atrás, fui testigo de la presencia más linda del mundo. Y sí, fue antes de que sea su novia oficial.
Plaza Rivadavia; tarde noche; frío, sentados en uno de los bancos que daba con las calles San Martín y Sarmiento, yo posicionada, sentada agradablemente encima de sus piernas, con mi mano derecha, que posaba en su nuca, le acariciaba levemente el cabello, y con la izquierda intentaba que mis dedos recuerden la forma de cada facción de su rostro.
Mientras él me abrazaba más fuerte, y me llenaba de caricias para que tome un poco de calor en mis piernas.
En un momento, a lo largo de esa tarde noche, lo abrazo, sólo lo abrazo, su preocupación de no querer dejar de abrazarlo quizá lo alarmó, o quizá no, para mí fue haber llegado a un vericueto de emociones, pero ahí estaba.


—yo quiero estar con vos y nadie más —le dije, mientras ocultaba mi mirada, como una nena que rompe algo y se ejecuta derecho al altar, -haciéndose cargo de su culpa-. No me importó, sólo deseaba sentir su abrazo.

Cuando me animo a mirar el panorama, ahí estaba él.
Su rostro fue de un chispazo inmediato, quizá fue de felicidad, quizá de amor, no lo sé, pero ese pasaje de delgada línea que logró hacer fue el mejor acto que he presenciado.
No es fácil llegar a la combinación perfecta, ese conjunto sereno y deseable, y sí, yo había logrado que él genere dos complementos naturales por mi causa, una sonrisa agradable acompañada de un par de ojos fulgente.
Tomó con sus manos mi rostro, posicionó su mirada en guardia y respondió:


—yo también.
Esa expresión fue tan perfectamente acompañada con su mirada,  que jamás, pero JAMÁS en mi vida, volví a verla.


Finalmente, con el tiempo, tomamos impulso con las experiencias.
Por eso, le deseo una buena vida de ahora en más.
Que recorra tranquilo los caminos que se ha proyectado recorrer.
Y que sepa que en toda ésta experiencia,
he notado algo muy bello.
Todos, en algún momento,
nos sale por los poros eso que guardamos,
una esencia maravillosa que pocos logran extraer.
Y que, lamentablemente,
por un lado o por otro
cuando no hay un muro del otro lado del puente,
uno de los dos falla,
cuando se intenta mantener.


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