Me fui. (Horacio Quiroga - Las medias de los flamencos).
En
lo que se puede destacar del cuento de “Horacio Quiroga – La
Media de los Flamencos”, donde según él, estos son marcados por
la envidia y la búsqueda de la belleza, intentaré ir más allá del argumento del cuento y lo centraré desde otra perspectiva, desde una
perspectiva que le damos al cuento a la hora de ser leído.
¿Qué
produce en los niños?, ¿qué produce en nosotros, podemos ver algún
cambio en ellos?, ¿con qué fin se podría relacionar?. Estas
preguntas son las que me surgieron al momento de ir mas allá del
argumento; y sin ir más lejos, pude notar fuertemente esa lucha
constante por la integración en los otros -simple reflejo que
podemos notar en esas edades tempranas-, esa lucha contante por la
integración, y en donde ellos mismos, y con la ayuda de nosotros,
van construyendo un lugar en el mundo; y ahí está, sí, ese -niño-
lector, como el buscador de indicio y de sentido, destacando que lo
que se lee no cae al vacío -nunca-, sino en un espacio personal, en
su universo de significados, donde cada uno es protagonista y que al
leer queda implicado en la lectura.
Básicamente,
si nos planteamos en ser constructores de sentidos, todo se vuelve
visible, y si nos dan la palabra, todos podemos sentirnos, al menos
por un rato, “el dueño del cuento”, tampoco es la cuestión de
que cada experiencia sea “supervisada” -por el docente-, controlada o evaluada, ya que con pequeñas intervenciones,
comentarios, referencia a otros textos, critica, preguntas (a veces
insólitas), gestos mínimos son estas aberturas por donde, muchas
veces, la lectura personal se deja ver. Dar lugar a esta
interpretación, sabiendo que el proceso del lector es en buena
medida privado.
Y
si todos los docentes tenemos el espacio y esta posibilidad de
integración para con los alumnos, la relación social con ellos será
mucho más eficaz. Proponernos como tarea personal que al terminar de
leer un texto, se basa en dejarle como enseñanza ese “despertar”
a construir personalmente un sentido, construir seres libres a esa
mirada de nuevas astucias, de nuevas hipótesis, y que más allá de
la interpretación, estamos enseñando a “leer” hasta a veces
entre lineas, contribuyendo a la formación de una sociedad lectora.
Qué
más puedo decir, más allá de que estamos en una sociedad de
cambios, en donde todo lo externo se ve reflejado en nuestros
pequeños lectores, puedo atreverme a decir que solamente queda
aportarles un equipaje de lecturas con sentidos, con determinadas
enseñanzas para su desarrollo personal. No sé si lo que quise dar a
entender con éste argumento logré llegar al corazón de mis
lectores, pero admito que desde mi punto de vista lo he tomado con
sutileza, responsabilidad y aprecio a la hora de ir más allá del
cuento del señor H. Quiroga.

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