La caracola, el tiempo y yo.

Alguien me comentó una vez que si cierras los ojos frente al mar, entras en la caracola. Dormí en ella sin querer en pocas ocasiones. Un refugio admirable; donde se percibe lo envidiable que es el tiempo consigo mismo, lamentándose de no saber aún cómo detenerse, lamentándose de ser tan escurridizo. Lamentándose de tanto ser él y seguir con esa misma búsqueda.

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