La señora de poca fama.
-Supongamos que... na, mejor voy al grano. Se dijo murmurando asi misma Marina Lou, mientras caminaba incordiosa por la habitación.
-Sé que no puedo confidenciar nada con Esther, esa señora privilegiada por algo de los dioses y que indeseablemente... Paró de murmurar dándole un golpe duro a la puerta. Un silencio abrupto invadió ese espacio mientras su subconsciente seguía a mil.
-No no no, no puedo atreverme a pensar así, al fin y al cabo es mi madre la cual sé que no puedo establecer mis proyectos porque ella ve más allá de las líneas de mi mano, ve más que mi aura, saca de mí ese eje con cierta alteración que no puedo controlar.
En ese instante Marina Lou sintió un deseo extremo de que sus dedos estén en movimiento. Retiró debajo de su cama una maleta vieja y desgastada, con un soplido leve esparció las pelusas que se posaban en ella y accedió a abrirla para dar a luz ese aroma impregnado a tinta que tanto le encantaba de su máquina de escribir.
“¡Me detesta ser tan vulnerable!, ¡me detesta que me diga qué es lo que va a pasar y qué no!, ¡que se piensa que prediciendo mi destino voy a intentar cambiar radicalmente mi YO, e inmediatamente rascarme las dudas para ver qué camino tomar!.
Sé que abusan de determinados dones, que esos dones plasmados en la tierra están preparados para ser «exprimidos» por esas personas que no reciben algún tipo de ayuda. Pero yo no la necesito, ellos son la que la necesitan.
Deseo verla serena y tranquila, llena de vida, con su tiempo como una persona normal, que la quieran por lo que es, y no por lo que se piensan que hace.
En estos tiempos se sabe que es difícil quitar ese «título», que las personas mismas la han tildado sólo por acertar a un simple hecho tan predecible hasta por un niño. Es difícil intentar que caiga en que no lo tiene, o que si lo tiene es intentar darle a conocer que la gente abusa de confianza, que la gente depende de un hilo y preguntan a un externo antes de actuar, ¡dios mío parece estúpido!.
Sé que hay experiencias que he escuchado de su boca (...)”

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