“(…) Por tu risa, tu belleza siento una adicción”.


Y parece que fue ayer que roce por primera vez sus labios suaves como flor. No puedo para la timidez cuando siento su nombre en boca de otros, me suceden  todos esos recuerdos y momentos ya casi nublados en mi mente. Siento que el suelo va a temblar cuando lo  vea, siento que el corazón se va a detener y voy a querer remarla con mis cuerdas vocales junto a la exaltación del momento en la presencia de mi tartamudez boluda - eso me va a jugar en contra, de eso estoy segura-. Siento vergüenza, mucha. Me pongo a pensar y salen sensaciones raras, de esas  que no tienen explicación, podría expresarlo como una mezcla de angustia, emoción, ansiedad, ganas  de amarlo y quedarme con él, -sensación de un pensamiento egoísta-.  Ya me propuse a no tener ningún roce con él, con el fin de no quedar con sensaciones en el recuerdo de mi piel, no podría soportarlo, no una vez más- del simple hecho que crecí y la ansiedad se hace mas presente en mi-, quiero que todos piensen que no me interesa y que para el próximo encuentro queden con ese recuerdo de que nada sucedió. 
Lo imagino como... no sé, como un señor, como que va a evitarme constantemente y que no me va a dirigir la mirada, ni tampoco una charla constructiva. Me pongo a pensar cómo me verá, si igual, más mujer, de poco interés... no lo sé, ni jamás lo sabré, por eso no me quiero quemar tanto la cabeza pensando estas boludeces. 

Recuerdos, ilusiones que no van a pasar jamás, lo sé. 

Usando constantemente las comas es mi pasión en este momento, porque mi mente está pausada producto de su causa.  Solo espero que si nos topamos, que sea de buena onda todo, como un amigo más, quisiera verlo como la persona mas horrorosa del mundo, como el agrandado, el egocéntrico, el vividor... todas cualidades que odio, con tal de que no me produzca una sensación de deseo, cariño, o de extrañarlo. 
Hay tantas cosas que no sé, uso un salvavidas para salir a la superficie y me doy cuenta de que no soy tan cultural como para mantener una charla con él, -o con otra persona-, me siento una galleta en el agua, me siento como la Maga en Rayuela de Julito Cortazár, alguien que no es cultural, que es boluda, que no se da cuenta de lo que hace, que soy todo lo contrario a lo que espero de alguien. Quiero cerrar acá, ya estoy cansada. No soportaría mi cara roja a esta edad, todo me resulta triste... es triste no tener privacidad, es triste que te traicionen, es triste traicionar, es triste que no te valoren y demás cosas que Dios no quiere que hagamos, es triste que por culpa de un pelotudo todo me de asco. Lo perdono no fue nada, pero la acción está pecada en su alma. 



“(…) Por tu risa, tu belleza siento una adicción”.

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