Y escalás y escalás y ya nadie te puede alcanzar.

Me mirás, me sonreís, me río… me ruborizo y escalás por atractivo.
Me enseñás, me abrazas, me besas, sonreís y escalás por instruido.
Tumbados en el pasto, nos abrazamos y observamos las estrellas, me besas, te idealizo y escalás por transmitirme paz.
Ese momento… para mí fue llegar a algo que jamás en mi vida me lo hubiese imaginado, para vos -quizás- sólo fue sexo -o quizás, sólo era química-. Soy tan sensible que preferí refugiar lo que sentía, de nada valía demostrar más de lo que podía hacer… Y escalás por doblemente atractivo, y por dejarte admirar.
Dibujás la estructura del puerto de Ing. White; observo, te observo, te beso y me voy.
Y escalás por tu habilidad de observar, la habilidad de pasar un paisaje con solo miradas a un papel.
Me buscás, nos vamos -”juntos a la par”- hablamos, fumamos y el cielo comienza a oscurecer… lluvia cálida, agua recorriendo tu cabello, gotas acercándose a la humedad de tus pestañas, agua recorriendo tu rostro, llegando finalmente a la comisura de tus labios -sabes rico-, agua en tu torso - te ves sexi- y escalás con una sutil atracción de perfección.
Rayuela en la mochila, al lado de un charco que sólo rozó algunas páginas… recuerdo eterno quedará de esa tarde, hasta que finalice el juego de Cortázar.
Caminás descalzo en el regreso, te miro, me río… amo tu libertad… Y escalás por personalidad.
Y escalás por ese recuerdo que me quedará de ver por primera vez un amanecer en la playa… -tu dulce presencia-.
Y volvés a escalar por ese atardecer de grata compañía, sensación ambivalente invadía mi momento, mi mano acariciando tu cabello y los últimos mezquinos rayos de sol posados sobre ellos… las últimas páginas iluminadas en la conversación de Horacio y La Maga.
“(...) La Maga se apretó todavía más contra él. <<Ahora ésta va  a decir alguna de sus burradas>> pensó Oliveira. <<Necesita frotarse primero, dedicarse epidérmicamente.>> Sintió una especie de ternura rencorosa, algo tan contradictorio que debía ser la verdad misma. <<Habría que inventar la bofetada dulce, el puntapié de abejas. (...)”


Tormenta sobre el mar… te sigo… sentados, admirando, mentalizados, asombrados… y escribo… de lo que me sale pensar… de lo que podía presentir a mi alrededor. Solo vos, y escalás por auténtico en el mar ¡salud! por los plantón y el viento, por la arena y el  mar, por las rocas y las nubes ¡por el rayo!.
Duermo, siento algo… un agradable calor sobre la sábana que tapaba mis labios.
Abro mis ojos, retiro la sábana confusamente y me asombro por tu presencia… me alegró ese despertar… Y escalás por ese momento único en mi vida.
Te miro… no me animo a nada, el miedo me ganó ¡la puta madre!.
Voy donde estás, dormís, admiro tu espalda, observo a tu alrededor, husmeo tus dibujos, me estupefacto, me emociona tu habilidad, te felicito con el alma… los coloco donde estaban.
Me acuesto detrás de tí… te beso, te siento, te veo y nos encontramos. <Tan perfecto aún cuando recién abre los ojos - pensé>>. Una mirada y escalás por belleza propia.
“¿Por qué estás triste?”, me apeno, me escuchás, me entendés… mi pecho sobre tu espalda… besas mi mano y la refugias con la tuya, <lo siento>. Y escalás por ser comprensivo.
Descubrís lo que me gusta y lo que no… me siento intimidada cuando dices lo que ves en mi… ¡No me gusta!, ¡no me soporto! pero escalás por analizarme “cuando nadie me hace caso”.
Humo, whisky y un beso extenso encerrado en la habitación… uno de esos que nos debíamos a solas, tranquilos, equilibrados…
Te duermes y susurro por lo bajo -¿por qué?, sé que te voy a necesitar. Acaricio tu mano en el aire… -te necesitaría. Y escalás por serenidad.
Un abrazo… -Te quiero. -Yo también te quiero. Mientras tus brazos oprimían agradablemente.  -Adiós, no me gustan las despedidas.
Quedo sola en casa… cierro la puerta… dejo caer la cabeza sobre la mano que presionaba mis ojos… se me quiebra la garganta -efecto tardío, que sólo buscaba la soledad para desprenderme lo que había acumulado- se desatan las lágrimas de vidrio, -fue hermoso mientras duro… es hermoso -me dije.
Recuerdo una charla que tuve una vez con mi cuñada -Sandi, otro como tu hermano no va a existir en el mundo para mí, está dejando la vara tan alta que dudo que alguien supere lo que él ha hecho por mí. Se me va a ser difícil encontrar otro con esa misma intensidad de poder entenderme.
Y siento ésto ahora, dejaste la vara a un nivel sobresaliente en un tiempo récord… de tanto escalar… de tanto actuar… de tanto, ser vos.

Imposible de olvidar, imposible de que te alcancen.  

Brian Crain - Dream of Flying.

Charles Bukowski.

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