Nadie le gana al t i e m p o,
ni aunque te lo inyectes en las venas.
Ni aunque me digan lo contrario,
las falacias se quedan impregnadas en las vibraciones de los oídos,
y las verdades se proyectan en la garganta.
Cada despertar innato de las mañanas,
se refugia en una mirada tiesa de instantes,
en donde un lado de la cama muta de caliente a tibio y de tibio a frío,
de frío a polvo y de polvo a la desintegración.
La cotidianidad de un espejo que delata lo inevitable,
un salpullido, un pelo en el bozo, una verruga en la cabeza,
una cana, otra más...
una linea de expresión, una arruga, otra más...
una lágrima, un maquillaje corrido de lugar.
un seno erguido, un pezón erecto,
ni aunque te lo inyectes en las venas.
Ni aunque me digan lo contrario,
las falacias se quedan impregnadas en las vibraciones de los oídos,
y las verdades se proyectan en la garganta.
Cada despertar innato de las mañanas,
se refugia en una mirada tiesa de instantes,
en donde un lado de la cama muta de caliente a tibio y de tibio a frío,
de frío a polvo y de polvo a la desintegración.
La cotidianidad de un espejo que delata lo inevitable,
un salpullido, un pelo en el bozo, una verruga en la cabeza,
una cana, otra más...
una linea de expresión, una arruga, otra más...
una lágrima, un maquillaje corrido de lugar.
un seno erguido, un pezón erecto,

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