Desde un punto.
Se amarra la cabellera,
coje sus pertenencias
se coloca la careta y se marcha...
La veo irse hasta que se hace pequeña,
se encoje de hombros
llega a su punto ciego
desde ese punto analiza
se enceguese, se ahoga
llora, se angustia
se culpa
se golpea
y se vuelve...
Arrepentida, serena, fresca...
Se recuesta y mira al cielo,
se inmuta a mis caricias
me esquiva, me mira con su mirada de reojo... está vacía. Está fría.
Fría y salada como el mar,
con su rabia y su baba,
es como besar al capricho,
a sus estados contradictorios,
a su notable falta de comprensión.
A su egoísmo, a su ego, a lo que calla.
Cuando quiero que el miedo desaparezca,
toma la navaja más filosa
y se rasura sus piernas infinitas,
se corta, se seca y se venda
me afirma que pide lo mismo su corazón.
Se amputa el alma con sus pensamientos,
no me deja escucharla,
no me deja amarla entera,
no me deja, no.
El capricho se sienta en un punto
mira al cielo
y se autocoloca en penitencia.
Romero, Samantino.
coje sus pertenencias
se coloca la careta y se marcha...
La veo irse hasta que se hace pequeña,
se encoje de hombros
llega a su punto ciego
desde ese punto analiza
se enceguese, se ahoga
llora, se angustia
se culpa
se golpea
y se vuelve...
Arrepentida, serena, fresca...
Se recuesta y mira al cielo,
se inmuta a mis caricias
me esquiva, me mira con su mirada de reojo... está vacía. Está fría.
Fría y salada como el mar,
con su rabia y su baba,
es como besar al capricho,
a sus estados contradictorios,
a su notable falta de comprensión.
A su egoísmo, a su ego, a lo que calla.
Cuando quiero que el miedo desaparezca,
toma la navaja más filosa
y se rasura sus piernas infinitas,
se corta, se seca y se venda
me afirma que pide lo mismo su corazón.
Se amputa el alma con sus pensamientos,
no me deja escucharla,
no me deja amarla entera,
no me deja, no.
El capricho se sienta en un punto
mira al cielo
y se autocoloca en penitencia.
Romero, Samantino.

Comentarios
Publicar un comentario