Un partido más.

Me siento la persona más egoísta del mundo,
y sí, me cambiaron a una persona con un sin fin de verosimilitud de sensaciones. 
Estanques vacíos,
calles onduladas y llenas de baches,
edificios altos con rincones pomposos de telas, esas que hacen realzar las dulces arañas,
las encargadas del manjar de moscas y otros tantos bichos,
la lluvia con o sin sol, importa poco,
mientras se escuche sé que es lluvia,
sé que es él... intentando evaporarse en algún lugar del mundo.

El espacio en blanco en mi máquina de escribir,
y a no olvidar de la puta coma, el pequeño intervalo,
mi receso favorito para pensar una cualidad más del protagonista de clase B.
Un poeta ensangrentado va al mismo ritmo que el mío,
solo que yo, pocas veces escribo lo que reservo.
Prefiero esperar un par de partidos más para explicar lo del estanque,
lo de las calles, los edificios, quién es la araña, por qué la lluvia,
mis pausas, mi protagonista, y el poeta ensangrentado.

Cualquier excusa sea bendita para inundarme en los que muchos creen de mí.
¡Yo no hago poesía señores, no necesito de eso!
Orgambide es mi rey de la negación, mi intento fallido de querer ser
un espejo en su pensamiento de un retorno negativo.
©Aguirre, Sandra.

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