Croquis en la arena por Oliverio Girondo
La mañana se pasea en la playa empolvada de sol.
Brazos.
Piernas amputadas.
Cuerpos que se reintegran.
Cabezas flotantes de caucho.
Al tornearle los cuerpos a las bañistas, las olas alargan
sus virtudes sobre el aserrín de la playa.
¡Todo es oro y azul!
La sombra de los toldos. Los ojos de las chicas que se inyectan novelas y horizontes.
Mi alegría, de zapatos de goma, que me hace rebotar sobre la arena.
Por ochenta centavos, los fotógrafos venden los cuerpos de las mujeres que se bañan.
Hay kioscos que explotan la dramaticidad de la rompiente. Sirvientas cluecas. Sifones irascibles, con extracto de mar. Rocas con pechos algosos de marineros y corazones pintados de esgrimistas. Bandadas de gaviotas que fingen el vuelo
destrozado de un pedazo blanco de papel.
¡Y ante todo está el mar!
¡El mar!... ritmo de eh divagaciones. ¡El mar! Con su baba y su epilepsia.
¡El mar!... hasta gritar
¡BASTA!
como en el circo.
Brazos.
Piernas amputadas.
Cuerpos que se reintegran.
Cabezas flotantes de caucho.
Al tornearle los cuerpos a las bañistas, las olas alargan
sus virtudes sobre el aserrín de la playa.
¡Todo es oro y azul!
La sombra de los toldos. Los ojos de las chicas que se inyectan novelas y horizontes.
Mi alegría, de zapatos de goma, que me hace rebotar sobre la arena.
Por ochenta centavos, los fotógrafos venden los cuerpos de las mujeres que se bañan.
Hay kioscos que explotan la dramaticidad de la rompiente. Sirvientas cluecas. Sifones irascibles, con extracto de mar. Rocas con pechos algosos de marineros y corazones pintados de esgrimistas. Bandadas de gaviotas que fingen el vuelo
destrozado de un pedazo blanco de papel.
¡Y ante todo está el mar!
¡El mar!... ritmo de eh divagaciones. ¡El mar! Con su baba y su epilepsia.
¡El mar!... hasta gritar
¡BASTA!
como en el circo.

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